¿Te consideras un regalo de Dios, o piensas que eres un desperdicio? Permíteme decirte que las personas somos regalos que la vida nos ha dado. Lo que ocurre con estos regalos es que mientras algunos vienen envueltos con mucha delicadeza y belleza, otros llegan de una manera menos atractiva. Estos son los regalos que han sido maltratados «en el correo» aunque, otros llegan como “entrega especial” envueltos y cerrados con gran rigidez. Mientras otros, muy bien empacados, nos llegan destruidos. Pero la envoltura no es el regalo y es importante darse cuenta de esto. Es muy fácil equivocarse en este sentido, juzgando el contenido por el estuche.

En la Primera Epístola de Juan, encontramos una hermosa afirmación: “Miren lo grande que es el amor que el Padre nos ha mostrado, ¡hasta llega a hacer posible que seamos llamados hijos de Dios». Y eso es lo que de verdad somos…Reina Valera Contemporánea (1 Juan 3). Esta declaración nos invita a reflexionar sobre nuestra identidad y nuestra relación con Dios.
A veces los regalos se abren con facilidad; otros necesitan la ayuda de otras personas. Tal vez es porque tienen miedo, o quizá han sido heridos antes y no quieren ser lastimados de nuevo. Pudo ser que alguna vez se abrieron y luego se descartaron. Quizá ahora se sienten más bien como “cosas” que como seres humanos.
Yo soy una persona. Como todas las demás personas, también soy un regalo. Poseo una bondad que es solo mía. Y sin embargo, algunas veces tengo miedo de mirar dentro de mi envoltura. Tal vez temo decepcionarme, quizá no confío en el que llevo dentro. Pudiera ser que en realidad nunca he aceptado el regalo que soy.
Cada encuentro y comunicación entre personas es un intercambio de regalos. Mi regalo soy yo, tú eres tu regalo. Somos obsequios de Dios unos para otros. Las Escrituras nos enseñan que “todos [somos] hijos del Altísimo” (Salmos 82:6). “Altísimo” es como se llama a nuestro Padre Celestial.
Es difícil pensar en ocasiones que aquel que me ha lastimado es también un regalo de Dios, pero si vemos la ofensa como una envoltura maltratada y no nos quedamos con ella, seguramente encontraremos un hermoso regalo, pues de cada suceso Dios nos tiene una enseñanza para crecer en su amor, en nuestra fe.
Nosotros mismos podemos tener una envoltura tan maltratada por el tiempo y/o las circunstancias, pero lo que llevamos dentro siempre será hermoso, pues quien lo puso ahí fue nuestro Creador. Solo tendríamos que ver hacia adentro y estar listos para darnos cuenta de nuestro valor. Descubre en tu interior todos los dones con los que el Señor te conformó y sé el digno regalo para los que te necesitamos. Pero recuerda que en Cristo, no hay divisiones. No importa si somos judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres. ¡Que nos ayude Dios a entenderlo!
Oración de Pablo por los creyentes
«Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de ustedes. 4 En todas mis oraciones siempre ruego con gozo por todos ustedes, 5 por su comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora. 6 Estoy persuadido de que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo». Filipenses 1:3-6 Reina Valera Contemporánea (RVC)





