Me produce gran tristeza encontrarme con personas que están desilusionadas con la vida. No es que ignore las crecientes presiones, demandas y requerimientos que la sociedad del nuevo siglo impone sobre los individuos, pero lo cierto es que muchas veces me quedo sin palabras frente al dolor ajeno. ¡Hay tanto sufrimiento!

(Photo by: Pixabay)
Sin embargo, en este mosaico humano en el que ‘pluralismo’, ‘postmodernidad’ y ‘globalización’ constituyen términos en boga, he descubierto que todos anhelamos lo mismo: ser felices. Intentando ir un poco más allá de las cursilerías que se esgrimen en torno a la palabra ‘felicidad’, llegué a la siguiente conclusión: todos queremos ser felices, pero no todos entendemos en qué consiste la auténtica felicidad.
Hace instantes dialogaba con una persona que oscila entre la depresión y la alegría. Por momentos hay euforia, pero al rato le sobreviene una angustia tal que en diversas ocasiones ha pensado en el suicidio. A pocos días de iniciar un tratamiento psicológico, me confesó: «siento que la vida no tiene sentido, que nací para ser infeliz… ¡Nunca fui feliz!»
¡Cuántas veces escucho expresiones de este tipo! Hombres y mujeres de toda edad que corren hacia ninguna parte, en la búsqueda incesante por hallar respuestas que traigan una pizca de serenidad a sus corazones atribulados.
Pero… ¿cuál es la causa de nuestros desaciertos? ¿Qué hemos hecho para desviarnos por la tangente y ser tan desdichados? Todos deseamos ser felices, pero no todos comprendemos en qué consiste la genuina felicidad.
Años atrás, cierto autor latinoamericano dio a conocer la definición que, a mi juicio, es la más precisa y directa de lo que es la felicidad. En pocas palabras, escribió: «la felicidad es como nuestra sombra, huye si vamos tras ella, pero nos sigue si caminamos hacia la luz».
Jesucristo dijo: «Yo soy la luz que ha venido para alumbrar este mundo. El que cree en mí no vivirá en oscuridad» (Juan 12.46).
¿Y usted? ¿Se considera una persona feliz? ¿Vive cada día como una persona completa? Considero que nuestro mayor logro es encontrar el camino hacia la felicidad. En otras palabras: encontrar a Jesucristo… ¡y seguirlo!
(autor desconocido)
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