¿Sientes que los problemas te ahogan?

¿Sientes que los problemas te ahogan?

Los problemas amenazan con robarnos la paz, especialmente cuando la crisis económica toca a nuestra puerta y nos impide no solo resolver las necesidades inmediatas del hogar y el bienestar de la familia, sino aquellas que abarcan la salud cuando la enfermedad toca también a la puerta. 

Ir a buscar comida al fiado nunca fue ni será jamás algo cómodo para alguien. Por el contrario, en algunos casos despierta vergüenza. Al fin y al cabo se trata de un favor. Eso le estaba ocurriendo a Aníbal quien aguantando la vergüenza había tenido que ocurrir nuevamente «al fiado» en el colmado del barrio donde vivía.


–Lo siento, don Aníbal. Ya tiene una cuenta bastante grande y, perdóneme la franqueza, pero no veo que consiga trabajo—le dijo el propietario del negocio.
.–Pero lo he intentado—repuso el hombre.
.–No lo dudo, don Aníbal, pero sé que me comprenderá. Son negocios. No puedo dejarme mover por el corazón…—y dio la espalda para atender a un cliente que llegaba.
.Aquél día razonó que cuando no hay solidez económica y menguan los recursos, todos quieren hacerse a un lado. Es como si dijeran: “No queremos estar junto a los fracasados”.

¿Sientes que los problemas te ahogan?
(Photo by: Adobe Spark)

Aníbal regresó a su casa dispuesto a seguir adelante. No podía darse el lujo de contagiar a su familia con el desánimo. Prometió ir en “busca de algo”. Y aunque arrastraba los pies con desgano, reemprendió la tarea de buscar trabajo.
. Lo embargaba la firme convicción de que, aunque llevaba tres semanas en la misma tarea, Dios lo ayudaría. Y la respuesta se produjo.
.Consiguió trabajo en un taller de mecánica. Lavaba repuestos con gasolina y poco a poco pudo ponerse al día, saldando la totalidad de las deudas.

Cuando los problemas amenacen con robarte la paz. Aférrate con confianza en Aquél que todo lo puede y el que puede ayudarte a salir de la crisis. No permitas que te embargue la desesperación. La salida está en Jesucristo. Él está con nosotros y nos extiende su mano brindando la ayuda que necesitamos.

Salmo 31:1
“En ti Señor, busco refugio; jamás permitas que me avergüencen; en tu justicia, líbrame. Inclina a mi tu oído y acude pronto a socorrerme. Sé tu mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación”.

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