¿Alguna vez te has sentido como si estuvieras viviendo en un desierto? ¿Experimentando esa sensación de que no alcanzas a ver tu destino, ni de qué manera podrás lograr algún propósito en tu vida? La vida espiritual es un viaje lleno de altibajos. Hay momentos de alegría y gozo, pero también momentos de desolación y aridez. Cuando la vida espiritual se siente como un desierto, puede ser una experiencia muy difícil y confusa. Comienza el año, te propones unas metas, y pides dirección de Dios, pero «cuando cierra el telón de la noche», te das cuenta de que no has logrado nada.
Cuando la vida espiritual se siente como un desierto
Es un período de tiempo en el que sentimos una ausencia de Dios en nuestras vidas. Podemos sentirnos solos, desconectados, y podemos perder el sentido de propósito. Los desiertos espirituales pueden ser causados por una variedad de factores, como:
Un desierto espiritual
- Pecado: El pecado puede separarnos de Dios y causar una sequía espiritual.
- Pérdida: La pérdida de un ser querido, un trabajo, o una relación puede provocar un desierto espiritual.
- Tiempos difíciles: Los tiempos de dificultad, como la enfermedad, la pobreza, o la persecución, pueden también conducir a un desierto espiritual.
Cómo enfrentar un desierto espiritual
Los desiertos espirituales pueden ser difíciles de enfrentar, pero hay algunas cosas que podemos hacer para atravesarlos:
- Confiar en Dios: En los momentos de desolación, es importante recordar que Dios está con nosotros. Podemos confiar en que Él nos ama y nos cuida, incluso cuando no lo sentimos.
- Permanecer en la Palabra: La Palabra de Dios es una fuente de consuelo y fortaleza en los tiempos difíciles. Podemos leer la Biblia, orar, y meditar en las Escrituras para encontrar la dirección de Dios.
- Buscar la compañía de otros creyentes: La comunidad de creyentes puede ofrecernos apoyo y aliento en los tiempos de dificultad. Podemos buscar la compañía de amigos, familiares, o miembros de nuestra iglesia.
El propósito de los desiertos espirituales
Los desiertos espirituales pueden parecer una experiencia negativa, pero en realidad pueden tener un propósito positivo. Los desiertos espirituales pueden:
- Profundizar nuestra relación con Dios: Los desiertos espirituales nos pueden obligar a buscar a Dios de una manera más profunda. Podemos aprender a depender de Él de una manera más plena.
- Fortalecer nuestra fe: Los desiertos espirituales nos pueden ayudar a desarrollar una fe más sólida. Podemos aprender a confiar en Dios incluso cuando no lo entendemos.
- Prepararnos para la cosecha: Los desiertos espirituales pueden prepararnos para una cosecha de bendición. Podemos salir de los desiertos más fuertes, más sabios, y más preparados para servir a Dios.
Los desiertos espirituales son una parte normal de la vida espiritual. Pueden ser tiempos difíciles, pero también pueden ser tiempos de crecimiento y transformación. Si estás atravesando un desierto espiritual, recuerda que no estás solo. Dios está contigo, y Él te ayudará a atravesarlo.
Cuando Moisés guio a su pueblo a través del desierto para liberarlos de la esclavitud de Egipto, ellos se desesperaron, pues, querían ver resultados inmediatos y le pidieron a su hermano Aaron que les hiciera un dios, para que fuera su guía y protector. Hicieron entonces una estatua con forma de toro, y sacrificaron animales para adorarla. Luego hicieron una gran fiesta en honor a la estatua, y estaban muy orgullosos de lo que habían hecho. (Hechos capítulos 7 TLA)
Esta lectura me hace reflexionar en cuántos «dioses» hemos construido que nos separan del verdadero santuario de nuestra vida. Me refiero al espacio que debe ocupar Dios en nuestra vida, pero que al final del día queda usurpado. Cada, día sin darnos cuenta, quedamos «atrapados» en un sinnúmero de distracciones que nos van tomando ese espacio que debemos dedicarle solo a Dios. Bien sea aspectos del trabajo, o aspectos sociales o familiares. Dios debe ser la parte más importante de nuestra agenda diaria.
Que Dios nos ayude para que podamos desarrollar el deseo de estar en su presencia, pero no solo para acercarnos con un «carrito de compras» a pedir lo que necesitamos o deseamos, sino acercarnos con una canasta llena de alabanza, agradecimiento y adoración.
Que podamos entender que solo hay un fundamento seguro: una relación genuina y cercana con Jesucristo, que NO nos abandonará en ninguna de las turbulencias. Pidamos a Dios que ponga en nosotros el deseo de anhelar estar en su presencia y decir como el salmista:
Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. (Salmo42.1)
Debemos aferrarnos al Espíritu Santo, que es nuestra guía y consejero, que nos guía por el camino en que debemos andar… (Lucas 12:12; 1 Corintios 2:6-10).





