(photo by Tina Miroshnichenko from pexels)
¿En algún momento de tu vida la duda te ha estremecido? ¿Esa duda que te produce inseguridad cuando vas a tomar decisiones? ¿O la la que sientes cuando has clamado a Dios por un milagro de sanidad y ver que no sucede? ¿O cuando has orado para que se te abran las puertas para conseguir un trabajo, pero en su lugar ves que todas se cierran? O peor aún, ¡cuando sientes que has perdido la fe! Permíteme decirte que si has pasado por esta experiencia no estás solo. Te confieso que yo también he estado ahí y he experimentado ese sentimiento de duda al sumergirme en la desesperanza al enfrentar la muerte, la enfermedad y crisis económicas, entre otros. Ese sentimiento desgarrador me hizo creer que, por experimentar esos momentos de duda, Dios me había apartado de su lado, pero no fue así.
En este artículo te comparto puntos clave que me ayudaron a superarlo.
- Entender que la duda es una parte normal de la experiencia humana, pero puede convertirse en un obstáculo para nuestra fe si no la abordamos adecuadamente.
- Para fortalecer nuestra fe, es importante entender lo que creemos y por qué lo creemos.
- Examinar nuestras dudas y buscar respuestas a través de la oración y la lectura de la Biblia.
- Recordar que la fe no requiere certeza absoluta, sino una confianza en Dios y en su plan para nuestras vidas.
La Biblia es clara respecto a la consecuencia de la duda… sin fe es imposible agradar a Dios…” (Hebreos 11:6). Aún Jesús fue impedido a hacer sus maravillas cuando la gente no creyó: “Y no hizo allí muchos milagros debido a la incredulidad de ellos”(Mateo 13:58).
¿Significa esto que no podremos dudar?
La Biblia nos muestra que aun los héroes de la fe dudaron.
- Sara: Cuando oyó que sería madre en edad avanzada (Génesis 18:12)
- Abraham cuando Dios le dijo que sería padre en edad avanzada (Génesis 17:17)
- Moisés: Cuando Dios le dijo que volvería a Egipto para guiar al pueblo (Éxodo 3:10-15)
- Israelitas: Cada Vez que enfrentaron problemas en el desierto (Éxodo 16:1-3)
- Gedeón: Cuando Dios lo escogió para que derrotara al ejército enemigo (Jueces 6:13-40
- Tomás: Cuando se le dijo que Jesús había resucitado (Juan 20: 24-25)
Quiero recalcar que Tomás era un apóstol tan ferviente de Jesús que cuando el Maestro se dirigió por última vez a Jerusalén, donde según lo anunciado, sería atormentado y lo matarían, Tomás demostró una gran fe al decirle a los apóstoles: «Vayamos también nosotros y muramos con Él».
Sin embargo, cuando al apóstol experimentó la desesperanza y la incertidumbre tras la muerte del Maestro y esos tiempos secos, oscuros y difíciles, en los que Dios no parece ser real, simplemente dudó. La Biblia narra que cuando los discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor». Él les contestó: «si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros de sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su costado, no creeré».
Ocho días después; estando Tomás reunido con los discípulos, se presentó Jesús y le dijo: “Tomás acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Jesús le dijo: «Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver«.
Tomás quería estar seguro de su fe y una vez convencido, decidió seguir a Jesús hasta el final, con todas sus consecuencias. Dedicó el resto de su vida a propagar el evangelio en Persia y la India donde murió martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado.
Al igual que Tomás, y todos estos hombres de fe, en algún momento de nuestra vida hemos dudado, y le hemos fallado a Dios en diferentes formas y circunstancias. Sin embargo, el Señor es un Dios de segundas, terceras, e infinitas oportunidades. Él solo necesita un corazón arrepentido para manifestar su amor y su poder, pero sobre todo, su misericordia.

Tú no necesitas respuestas claras a todas tus preguntas, sino la humildad para reconocer que no todo estará bajo tu control. Hay situaciones que nunca entenderemos, pero Dios nos advirtió que en este mundo tendríamos aflicciones. Aflicciones que él vencerá en su tiempo, no en el nuestro. Debemos tener la valentía para creer y confiar en el amor y cuidado que Dios nos brinda.
El autor Brian D. McLaren dice en su libro Faith After Doubt: Why Your Beliefs Stopped Working and What to Do About It [Fe después de la duda: por qué sus creencias dejaron de funcionar y qué hacer al respecto] “la duda es como una sequía espiritual, una noche sin estrellas del alma, una marea baja donde la fe parece haberse retirado para siempre. Casi todos nosotros experimentamos esos tiempos secos, oscuros y difíciles en los que Dios no parece ser real y es cuando cuesta tanto seguir adelante, y mucho más crecer”.
Durante esos «tiempos secos», de la «sequía espiritual» que describe el autor, el Señor me hizo recordar que nuestro Padre celestial solo necesita un corazón arrepentido para manifestar su amor y su poder, pero sobre todo, su misericordia. La Biblia nos muestra, en el libro de Romanos una promesa contundente: «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángles ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor Nuestro». Romanos 8.38-39 (Reina Valera 1960)
Consejos para superar la duda
- Busca la verdad: La Biblia es una fuente de sabiduría y consuelo. Cuando tengas dudas, busca respuestas en la palabra de Dios que es verdad.
- Ora por sabiduría: La oración es poderosa. Pide a Dios que te dé la sabiduría para entender Su voluntad y discernir la verdad.
- Comunidad religiosa: Busca apoyo en tu comunidad religiosa. Habla con líderes religiosos o amigos de confianza para obtener perspectivas y consejos.
- Recuerda las promesas de Dios: La Biblia está llena de promesas divinas. Confía en que Dios cumplirá Su palabra.





