¿Estás echando tus redes en alta mar?

¿Estás echando tus redes en alta mar?

Hace muchos años en una pequeña isla, hubo una época de gran escasez de alimentos. La hambruna amenazaba la vida de muchos de sus habitantes y los pescadores tenían miedo de ir a alta mar porque los corsarios y piratas estaban al acecho listos para atacar y robar lo que encontraban a su paso.

¿Estás echando tus redes en alta mar?
(Photo by: Unplash)

No es un secreto que los mejores peces se pescan en aguas profundas. Sin embargo el miedo se había apoderado tanto de aquellos pescadores que habían preferido renunciar a la buena pesca y quedarse en la orilla pescando los peces pequeños y espinosos.

En una ocasión los discípulos también tuvieron dificultades para pescar. Jesús les dijo que tiraran las redes mar adentro y ellos simplemente obedecieron. Allí éstos presenciaron un milagro: las redes salieron repletas, a punto de reventar, llenas de peces. Pero el verdadero milagro no fue este, sino el poder de echar las redes en la Palabra, porque la Palabra es pensamiento viviente hecho en acción.

La experiencia superficial a nada nos lleva. Hay que buscar la experiencia profunda. «Alta mar» no solo significa ser receptores de las bendiciones de nuestro Dios, sino transmisores de ellas. Es reconocerse a uno mismo como hombre o mujer de fe en la Palabra, no como pensamiento que se expresa, sino como una realidad viviente que significa acción, hechos, sucesos, acontecimientos y un acto creador.

Debemos saber escuchar y estar dispuestos a detenernos en el camino. Solo así podremos descubrir el sentido de expectación, de contemplación de los hermosos vacíos de la providencialidad, de lo provisorio que viene de Dios como bendición. Así, quitando y echando a un lado nuestros propios esquemas podremos permitir que Dios nos dibuje nuevamente.

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come. Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá vacía, sino que hará lo que quiero y será prosperada en aquello para que la envíe. Isaías 55.10-11

 

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