¿Estamos modelando a Cristo con nuestro carácter?

La amargura y odio en el corazón nos convierte en "fieras"

El carácter puede ser mi amigo o mi enemigo

¿Qué es el carácter? ¿cómo podríamos definirlo? Antes de intentar explicar su significado permítanme hablarle de dos componentes más en la basta complejidad del ser humano.

Temperamento: El temperamento es el componente estable y hereditario de los rasgos afectivo-dinámicos del hombre. Es el esqueleto o el armazón ––para que me puedan entender––, que sostiene todo lo demás. Es un componente heredado y es fijo, es decir, el temperamento es inamovible, no se puede cambiar.

Personalidad: La personalidad es el resultado del temperamento y el carácter. No ahondaré más en esto porque hay suficiente información en el universo de internet para que usted mismo investigue, aunque me permito recomendar el libro “Enriquezca su personalidad” de Florence Littauer, donde no sólo aprenderá, sino que se divertirá al descubrir porqué actúa como actúa.

Ahora sí, hablemos del carácter

El carácter es la forma individual en que el temperamento se muestra en el ser humano, es la característica que hace distinto a un hombre de otro en cuanto a su comportamiento. Es la forma en la que nos distinguimos del resto por la manera en que nos comportamos, sentimos, reaccionamos o enfrentamos a la vida. El carácter se aprende con la experiencia (los padres, familiares, entorno social, educacional, religioso y hasta económico van formando el carácter del individuo conforme crece). El carácter se moldea a través de los años e incluso se puede cambiar. Las personas que dicen “yo soy así, tengo mal carácter y nada puedo hacer le guste a quien le guste”, en verdad se están mintiendo porque sí pueden hacer algo: cambiar su carácter (lo cual no ocurre con el temperamento porque es hereditario y nada podemos hacer). 

En Génesis 2:7 dice que fuimos hechos del polvo de la tierra, en algunas versiones se menciona que fuimos creados de arcilla, barro, y por tanto con la capacidad de adaptarnos al entorno que nos rodea. Gerard von Rhad, el conocido autor de los libros “Teología del Antiguo Testamento volúmenes 1 y 2”, afirma que en el relato de la creación de Génesis se quiere dejar en claro a los lectores que Dios creó al ser humano con una habilidad única: la plasticidad. Es decir, la capacidad de adoptar diferentes formas tanto de pensamiento como de comportamiento en la medida que vamos creciendo y convirtiéndonos en personas, y esto implica por supuesto nuestro carácter el cual también es plástico, es decir adaptable, maleable, moldeable…, ¡somos barro que puede cambiar para bien!

Termino esta parte diciendo que el carácter son todas aquellas características que nos definen, que nos muestran al mundo y por las cuales somos juzgados, valorados o despreciados. Estas características controlan nuestra actitud en la vida, el carácter influye la forma en que nos conducimos en este peregrinaje que el Dios del Universo ha designado para los mortales. El carácter por tanto puede ser un poderoso aliado en el logro de nuestras metas o muy por el contrario nuestro peor enemigo. Pablo dijo: “Lo que no quiero hacer eso hago, y lo que debo hacer no hago” (Romanos 7:19-25), pero él no se conformó con esto, él luchó con ahínco porque sabía que podía domesticar su ser (1ª Corintios 9:27).

La unción sin carácter te mata, CONCLUSIÓN

Del sermón de un predicador que escuché en una ocasión, aprendí lo siguiente: “Si no mejoro mi carácter —en el caso que me esté dando problemas—, por más unción que tenga, tarde o temprano fracasaré miserablemente”.

Ejemplos bíblicos que respalden mi tesis hay por montones, pero quizá quiera recordar algunos pasajes escriturales: 

  • El fatídico caso de Sansón quien había sido consagrado por Dios para su gloria, era un “qadosh” cuya misión era liberar a Israel de la opresión filistea, y de hecho lo hizo en varias oportunidades con muestras de fuerza sobrehumana, y sin embargo su comportamiento inmoral, su falta de disciplina y su pasión sin medida hacia el sexo opuesto le pasaron la cuenta. Sansón fue un ungido ¡y vaya que el poder de Dios se manifestaba en él!, pero su carácter lo traicionó toda su vida. Sansón pudo mejorar, cambiar, disciplinarse pero escogió no hacerlo (ver la vida de este hombre en el libro de Jueces). 
  • Otro caso es el del rey Salomón quien con toda su sabiduría la cual le fue dada por el Señor en los inicios de su reino terminó sus días influenciado por religiones paganas, durmiendo con mujeres extranjeras (algo prohibido por la ley mosaica) y machacando al pueblo con pesados impuestos imposibles de pagar. Salomón también fue un ungido, un qadosh de Dios pero su carácter lo mató, su carácter lo hizo pedazos sumiéndolo en la vergüenza personal y nacional (ver la vida de este hombre en 1ª Reyes 3 al 11).
  • ¿Y qué me dicen del apóstol Pablo? El gran misionero de la iglesia cristiana del primer siglo también tenía un carácter traicionero, así lo dejan ver algunas de sus cartas donde su mal genio hacia temblar a sus feligreses (Gálatas 3 muestra una ventana hacia el carácter del apóstol). Otro episodio en su vida es cuando discutió con su compañero de misiones Bernabé porque éste quería llevar nuevamente al joven Juan Marcos quien los había abandonado en cierto trayecto de la jornada misional, el intolerante Pablo se opuso y discutió tan fuerte con su amigo y padre espiritual Bernabé que se separaron (Hechos 15:36-41). Es más, algunos paulólogos sostienen que el versículo que dice que Pablo tenía un aguijón en la carne que lo “aguijoneaba” no se refiere a una enfermedad física, como comúnmente se interpreta, sino que hacía referencia a su “mal carácter” el cual le causaba mucho sufrimiento y hacía sufrir a otros (2ª Corintios 12).

Finalizo diciendo que si bien la unción de Dios, es decir la presencia del Señor, respaldo, bendición y poder divino, es algo críticamente importante para quienes realizan trabajo ministerial, también lo es el carácter disciplinado, entrenado y modelado por Cristo en nosotros. Por tanto si no mejoramos nuestra forma de pensar, hablar y actuar —por más liderazgo que tengamos, por más bien que prediquemos, por más don de gente que irradiemos, por más unción que tengamos—, terminaremos como Sansón: “Y Jehová lo había abandonado, pero él no lo sabía” (Jueces 16:20). 

La unción sin carácter es como aquellos deportistas de talla mundial que son talentosos, millonarios, famosos y poderosos, pero que su carácter deja mucho que desear. Cuidado nos parezcamos a ellos, más bien parezcámonos a Cristo tanto en unción divina como en comportamiento de vida.

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