¡Basta ya de máscaras!

¡Basta ya de máscaras!

Una de las ocasiones más esperadas en la niñez —y aún entre un buen número de adultos—, es la celebración de los carnavales. En Estados Unidos y en otros países ha entrado con mucha fuerza la celebración de Halloween o la «Fiesta de las brujas». Durante las festividades la gente —como describe la canción de Joan Manuel Serrat—, «por una noche olvidan que cada uno es cada cual y el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha. Pero una vez ésta se termina; vuelve el pobre a su pobreza y vuelve el rico rico a su riqueza….»

Celebraciones como estas, nos deben llevar a la reflexión.  ¿Somos transparentes en nuestro modo de actuar? ¿O nos hemos acostumbrado a utilizar disfraces y máscaras para relacionarnos con el mundo que nos rodea?  Y no me refiero a ser hipócritas, sino a la manera en que proyectamos nuestra propia imagen hacia los demás.

Los sicólogos afirman que los seres humanos solemos tener un triple concepto interior: lo que deseamos que otros piensen de nosotros, lo que pensamos acerca de nosotros mismos y lo que sabemos que realmente somos. Cuando estos tres aspectos no están en armonía,  empleamos disfraces y máscaras para mostrar una imagen nuestra que no es real.  Algo que perjudica las relaciones interpersonales y nos produce frustraciones internas.

La Biblia nos exhorta a ser transparentes en nuestro modo de actuar.

«Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo» (1 Pedro 1.13).

«Pero aun si por actuar con rectitud han de sufrir, ¡dichosos ustedes! No tengan miedo a nadie, ni se asusten, sino honren a Cristo como Señor en sus corazones. Estén siempre preparados a responder a todo el que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen» (1 Pedro 3.14-15).

La fórmula está clara: Actuar como lo que realmente somos; hijos de un Dios que nos manda a amar y andar como Jesús anduvo. Cuando buscamos de corazón honrarle en todo lo que hacemos, entonces las máscaras… sobran.

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