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REVELACION y EXPERIENCIA VERDADERA

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  • Empezo hace 9 meses por Henry
  1. REVELACION y EXPERIENCIA VERDADERA
    Decir que todo lo que necesitamos nos llega a través de Cristo, de pura gracia, aunque verdad, puede parecer un poco irreal. ¿Cómo se llega a realizar en la práctica? ¿Cómo viene a ser real en nuestra experiencia?
    Si preguntamos a un grupo de creyentes que han entrado en la vida cristiana normal, sobre cómo llegaron a esa experiencia, algunos contestarán que fue en esta manera, otros en otra. Cada cual acentúa su propia manera de entrar en esa vida y cita versos bíblicos que apoyan lo que experimentó. Lamentable es que muchos usan sus experiencias y sus citas especiales en contra de otros creyentes. El hecho es que mientras que los creyentes puedan entrar en la vida más profunda por varios conductos, no es necesario que consideremos las experiencias o doctrinas que presentan como en pugna entre sí, sino más bien como complementos una de la otra.
    Una cosa es cierta, que toda experiencia de valor para Dios tiene que haber sido alcanzada por medio de un nuevo descubrimiento del significado de la Persona y de la obra del Señor Jesús. Esta es una prueba crucial y segura. Veremos cómo Pablo hace que todo dependa de tal descubrimiento.
    A medida que estudiamos los capítulos 6, 7 y 8 de Romanos encontraremos que las condiciones para vivir la vida cristiana normal son cuatro: (a) Saber, (b) Contar, (c) Presentarse a Dios, y (d) Andar en el Espíritu; y se dan en ese orden. Si queremos vivir la vida cristiana normal tendremos que dar estos cuatro pasos; no uno ni dos, ni tres de ellos, sino los cuatro. Mientras vamos estudiando cada uno de estos pasos confiemos en que el Señor por medio de su Santo Espíritu nos ilumine el entendimiento, y busquemos su ayuda ahora para tomar el primer gran paso hacia adelante.

    EL PRIMER PASO: “SABIENDO ESTO... “
    Algunos de vosotros, en época de incredulidad, habréis tratado de salvaros. Leíais la Biblia, orabais, asistíais a cultos, contribuíais en las ofrendas. Luego vino el día cuando se os abrieron los ojos y visteis que una plena salvación ya había sido provista en la Cruz. Aceptasteis sencillamente aquella, agradecisteis al Señor, y la paz y el gozo fluyeron al corazón. Ahora bien, la salvación y la santificación operan sobre la misma base. Se recibe la liberación en la misma manera como en el caso del perdón de pecados. Posiblemente se ha tratado de ejercer control sobre uno mismo, y reformarse, y eso durante años, pero todo en vano. Cuando se ve la verdad, se dejará de hacer cosa alguna. La revelación detiene todo esfuerzo humano. En su carta a los Romanos dijo Pablo: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él” (Ro. 6:6). “¿Sabéis esto?” Todo el asunto de la liberación comienza con el saber. Sin ese saber no se puede tener liberación.
    La vida cristiana normal debe comenzar con un “saber” muy definido; no meramente saber algo de la verdad, no meramente entender alguna doctrina, no un mero conocimiento intelectual, sino un despertar del corazón para ver lo que tenemos en Cristo. Cuando se ha visto, entonces se sabe sin posibilidad de duda.
    Romanos, capítulo 6, versículos 1 al 11, demuestra que la muerte del Señor Jesús es inc1usiva, pues en su muerte todos morimos. Ninguno puede progresar espiritualmente sin entender esto. Si no le hemos visto llevando nuestros pecados en la Cruz no poseemos la justificación: y si no le hemos visto llevándonos en la Cruz carecemos de la santificación. No sólo han sido puestos nuestros pecados sobre Él, sino que nosotros mismos hemos sido puestos en Él.
    ¿Cómo obtuviste tú el perdón? Te diste cuenta que el Señor Jesús murió y llevó tus pecados en Él mismo, que su Sangre fue derramada para quitar tu contaminación. Cuando viste tus pecados todos quitados en la Cruz, ¿qué hiciste? ¿Oraste? ¿Dijiste: “Señor Jesús, ven y muere por mis pecados”? No, no oraste eso, sino que le agradeciste. No le rogaste que venga y muera por ti, sino que le agradeciste porque ya había muerto en tu lugar. Ahora bien, lo que es cierto de tu perdón, lo es también de tu liberación. La obra está terminada; por consiguiente, no hay necesidad de orar, pero, sí, de alabar. Dios nos ha puesto, a todos, en Cristo, de modo que cuando Cristo fue crucificado, lo fuimos nosotros también. Es cosa terminada. Así que no hay necesidad de rogar: “Soy una persona mala; Señor, haz el favor de crucificarme”. Es todo una equivocación. No oraste acerca de tus pecados; entonces, pues, ¿por qué orar acerca de ti mismo? Tus pecados fueron expiados por su Sangre; y por su Cruz, fue deshecha tu naturaleza pecaminosa. Es cosa terminada. Todo lo que falta hacer es alabar al Señor. Cuando Cristo murió, moriste tú; moriste en Él. Alábale por esto y vive en la luz de esta verdad. “Entonces creyeron a sus palabras, y cantaron su alabanza” (Sal. 106: 12).
    ¿Confías tú en la muerte del Señor? Naturalmente que sí. Bien, la misma Escritura que dice que murió por nosotros, explica que morimos con Él. Primero dice “Cristo murió por nosotros” (Ro.5:8), y luego “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él” (Ro. 6: 6 ). Yo confío en la muerte del Señor Jesús, y confío en mi propia muerte tan positivamente como confío en la de Él.
    ¿Por qué crees que murió el Señor Jesús? ¿Porque lo sientes? No, nunca lo has sentido. Crees que murió porque Dios declara que cs verdad. ¿Cómo sabes que fueron crucificados los ladrones? Porque así lo dice la Palabra de Dios. Tú crees en la muerte del Señor y tú crees en la muerte de los ladrones: ahora ¿qué de tu muerte? ¿Has muerto tú? ¿Cómo podrás saber esto? Lo podrás saber por la sencilla razón de que Dios lo ha dicho. Si sientes que Cristo ha muerto, murió; y si no lo sientes, igualmente murió. Si sientes que tú has muerto, entonces moriste, y si no lo sientes, igual moriste. Estos son hechos divinos. Que Cristo ha muerto es un hecho, que los ladrones han muerto también es hecho verídico, como también que tú moriste. Permíteme informarte que tú has muerto. ¡Se ha acabado del todo contigo! ¡Estás excluido! Ese 'yo' tuyo que odias, está en Cristo, sobre la Cruz. Y “el que ha muerto al pecado, libertado está del pecado” (Ro. 6:7. V. M.). Esto es el Evangelio para los creyentes.
    Continua: “LA NECESIDAD DE ESTA REVELACION DIVINA”
    Tomado de “La vida cristiana normal” de W. Nee
    Jesus es el Señor!
    La iglesia en Armenia

    Publicado hace 9 meses #

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