Después de la Gran Cena… ¿qué sigue?

ultimacena2Por Eliezer Torres

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”. (Salmo 23:6)

Hemos seguido con mucho cuidado la narración del Salmo veinte y tres (23) donde el rey pastor (David) colocándose sabiamente como una simple y agradecida oveja habla de la labor de su pastor. Destaca el esfuerzo y el sumo cuidado y con cuan diligencia, esfuerzo y trabajo realiza su vocación. El rebaño disfruta de esas manos expertas  y cariñosas del delicado Pastor.

Ahora el salmista resume todo esto con audaz, pero sencilla afirmación en el decir de las ovejas:

 “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.”

¡Qué seguridad tienen las ovejas y cuánto privilegio! Se tranquiliza pensando que está en manos de un amo bueno, compasivo e inteligente. ¡Qué declaración intrépida!

¿Cuántos cristianos verdaderamente sienten lo mismo de Cristo? ¿Cuántos de nosotros nos damos cuenta de que ocurra lo que ocurra en nuestra vida el bien y la misericordia nos seguirán todos los días de nuestra vida. ¿Qué alarde nuestro sería? ¿Qué decimos cuando nos sentimos impotentes, como me he sentido yo cuando el médico me informa que tengo cáncer y me quedan pocos meses de vida? ¿Cómo reaccionamos cuando nuestro trabajo se acaba y no hay dinero para pagar las cuentas? ¿Qué decimos cuando de pronto, sin ningún motivo, los amigos resultan falsos y se vuelven contra nosotros?

Esos son tiempos que ponen a prueba la confianza de una persona en el cuidado de Cristo. Cuando nuestros pequeños mundos se destrozan y nuestros castillos de ensueños, ambiciones y esperanzas se derrumban,  ¿podemos afirmar con honradez: “Ciertamente -, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”?

David, el rey pastor, y el escritor de esta Salmo, ya entrado en edad y en los últimos años  de su reinado, sufriendo la sublevación de su hijo Absalón y su muerte, termina el salmo diciendo: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días”.

Al ver todo esto desde mi propio pasado me doy cuenta de que  verdaderamente bajo el cuidado de Cristo,  pueden surgir  dificultades, pueden aparecer  desastres en la vida pero Dios estará ahí, conmigo. Es mi “shammah”.  El Dios que esta ahí y al fin  el bien surgirá en medio del caos. Este es el bien y la misericordia en mi vida, y ha llegado a ser el gran cimiento de mi fe y confianza en él.

Le amo porque él me amo primero 

Su bondad, su misericordia y su compasión conmigo se renuevan cada día. Yo confío en su amor como propiedad suya. Mi serenidad tiene como base una confianza y capacidad de hacer lo correcto y lo mejor en mí. Este es el retrato supremo de mi pastor. Continuamente fluye hacia mí su bondad y su misericordia, que, aunque no lo merezco, viene incansablemente de esa fuente inagotable que es nuestro Señor Jesucristo. En esto se halla la esencia de todo lo que se ha dicho antes en el Salmo.

Todo el cuidado, trabajo, toda la alerta vigilancia, toda la pericia, todo el interés, todo el sacrificio nace del amor a sus ovejas, ama su obra, ama su función de Pastor.

 “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11 ). “En esto hemos conocido el amor, en que puso su vida por nosotros”. (1Juan 3:16)

Teniendo todo esto a la vista podemos preguntarnos ¿Vamos a dejar que se detenga y se estanque en nuestra vida toda esta corriente de bien y misericordia? ¿No habrá una forma en que pueda pasar a los demás?  Pues sí la hay. Así como fluye en mi vida su misericordia todos los días de mi vida, el bien y la misericordia deben de seguirme. Volvamos una vez más a las ovejas, todavía nos enseñan más.

Decíamos al principio que las oveja de tanto pacerse por el redil destruían el sécate o raíces del pasto y además con su estiércol dañaban el terreno sin remedio.  Aunque todo esto es verdad, por otro lado, era un bien porque una vez se movían del lugar, el terreno se tornaba más fértil volviéndose a usar en otro momento. “Las pezuñas de oro”  le llamaban a las de las ovejas en la antigüedad. Así el bien y la misericordia habían seguido a las ovejas.

¿Dejamos rastros de bendición o somos una calamidad?  Isaías el profeta dice:  “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz”. (Isaías 52:7)  ¿Dejamos un rastro de paz o de alboroto? ¿Dejamos un rastro de alegría o de amargura? ¿Dejamos un rastro de flores de alegría o de frustración? ¿Dejamos un rastro de amor o de rencor?

El verdadero hijo de Dios, el que está bajo el cuidado del Pastor, nunca deberá sentir vergüenza ni temor de regresar a donde ha vivido o estado anteriormente. ¿Por qué? Porque ha dejado una herencia de elevación, estímulo e inspiración para los demás y será una bendición para Dios. ¡Sí, una bendición para Dios. La vida cristiana se recibe y se da. Nos olvidamos que nuestro pastor también está buscando cierta satisfacción. Se nos dice que él vio el trabajo que había hecho y se sintió satisfecho. Este es el beneficio que podemos reportarle. Él busca nuestro amor. Lo amamos porque nos amó primero. Y entonces queda satisfecho. Afirmemos pues como un creyente agradecido: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.”

Rev. Eliezer Torres

El Rev. Eliezer Torres, es pastor retirado con una larga y fructífera trayectoria pastoral. Después de pastorear por más de 30 años en Puerto Rico, se trasladó con su familia a la ciudad de Weston, Florida, donde reside en la actualidad.

Puede comunicarse con Eliezer a través de: eliezergloria@hotmail.com

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Comments

  1. muchos saludos Eliezer, yo soy la muchacha de Maroone… que lindo lo que escribes….saludos

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