“Shalom” El Dios de la paz

“Y en la casa de mi Padre, moraré  por largos días.” (Salmo 23:6b)  “Y el mismo Señor de paz os de siempre paz en toda manera.” (2Tesalonicenses 3:16).

Anoche, antes de quedarme dormido leí en el Evangelio de Juan estas palabras: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da, No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.” (Juan14:27)

Fue entonces cuando dije a mi Dios: Gracias Señor por Tu Palabra viva que pone en mi conciencia interna, el saber que está presente en mi vivir. ¡Cuán satisfecho me siento al entender que eres y estás en mi caminar y aun cuando duermo estás conmigo y cuidas  mi sueño.  Gracias por Tu Hijo Jesucristo, quien nos proclamó Justos por medio de la fe en su obra redentora y por Tu Santo Espíritu o como acostumbramos decir: “Espíritu Santo,” quien nos aclara nuestras dudas en la revelación de tu “Palabra viva.”

¡Qué bueno es recordar ahora!  “No temeré mal alguno porque tu estarás conmigo.” Tener por cierto que Tú caminas junto a nosotros es como pensar en uno de tus nombres redentores: Jehová  me cuida y  guía   <Jehovah Jireh > y aun más Jehová está ahí. < Jehovah Shamah > presto a levantarme cuando  caigo  desmoronado.

Hoy  al nacer del nuevo día, pienso en el final del Salmo veinte y tres (23) “En la casa del Señor moraré por largos días.”  Tampoco  dejo de pensar en el comienzo del Salmo cuando dice: “Jehová es mi Pastor, nada me faltará. Es como decir en lenguaje más sencillo algo así como ”Por nada del mundo me voy de esta finca “.

Por el lado del pastor se ha desarrollado un gran cariño y ternura por su hermoso rebaño. Jamás pensaría en separarse de esas ovejas que tanto les ha costado. Ahora son ovejas sanas, contentas y productivas son su delicia y riquezas. Los vínculos son fuertes y para siempre.

Es bueno señalar que la palabra ”casa” que se usa aquí es más amplia. Normalmente hablamos de la casa del Señor para referirnos al santuario o iglesia. Pero debemos recordar que el Salmista, escribe desde el punto de vista de la oveja que ahora regresa nuevamente al reposo en la finca central en la época de invierno y está pensado y recordando todo el proceso de las actividades anuales del rebaño.

Nos ha llevado desde los verdes prados y las aguas de reposo de la finca central, por los pasos de las montañas y hasta las altas mesetas del prado de verano y otoño. El otoño con sus tormentas, lluvia fría y granizo que impulsan a las ovejas cuesta abajo de regreso al gran redil de su dueño. El descanso del invierno les espera. En este sentido eso es volver a “Casa“. Y aquí la afirmación de David, el escritor: “En la casa del Señor moraré por largos días.”

En realidad, lo que aquí se llama ”casa” es la familia o el rebaño del Buen Pastor. La oveja está tan satisfecha con el rebaño al cual pertenece y no quiere cambiar. Es como llegar a casa después de largo viaje junto al pastor y ver a las menos afortunadas que se quedaron y no fueron al lindo viaje junto al maravilloso pastor.

Creo que los cristianos deberíamos hacer lo mismo. Deberíamos estar orgullosos de pertenecer a Cristo. Deleitarnos en recordar las hermosas vivencias con nuestro Señor. Las maneras asombrosas en que él  nos ha proporcionado bienestar y también las duras experiencias que nos hicieron crecer y madurar. Deberíamos estar ansiosos y prestos a hablar de nuestra confianza en Cristo. La satisfacción y serenidad que reflejen nuestras vidas las claras ventajas de estar en su rebaño.

Al comenzar esta reflexión con una oración dije: “Gracias Señor por Tu “Palabra Viva” que pones mi conciencia interna, el saber que estás presente en mí.” Esa es la idea del Salmista cuando dice: “Habitaré en la “presencia” del Señor para siempre.”

Personalmente pienso que este es el sentido más significativo del himno de David. No solo es la idea de un Pastor siempre presente en la escena, sino también el concepto de que la oveja quiere estar a plena vista de su dueño en cada momento. La diligencia, prontitud, la acción incansable asegura un cuidado excelente y la certeza de que el pastor está ahí. Es su presencia lo que garantiza que no habrá carencia de nada. Habrá agua cristalina en reposo, pastos verdes, frescos, presencia que elimina el temor a la mayoría del peligro y las dificultades que se puedan presentar. Nos proporciona serenidad y seguridad.

En nuestra vida cristiana se aplica la misma idea y principio. Porque el secreto de la vida cristiana exitosa estará siempre en esta frase: ”Vivir siempre consciente de la presencia de Dios”.  Uno puede estar consciente de la presencia de Cristo dentro de uno, lo que nos da poder para  que  Cristo sea en mí, esperanza de gloria. Cuando Cristo está en mí el vivir una vida noble y fructífera y avanzar sincronizado con sus deseos, viviendo una vida valiosa y fructífera. Es adquirir serenidad donde la vida se convierte en una emocionante aventura de plenitud de gozo, libertad, amor y paz. Esto se hace posible en la medida que el Espíritu controle, maneje y dirija nuestras decisiones diarias en La Palabra de Dios.

Qué hermoso saber que nuestra conciencia en Cristo se amplía donde existe la apertura y conociendo circunstancias superadas porque vivimos bajo el amparo del Dios que se hace presente.

En la presencia del Señor, a su cuidado,” moraré por largos días” Porque es bueno saber siempre lo que nos dice el Apóstol Pablo: “Mi Dios pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Filipenses 4:l9)

Rev. Eliezer Torres

El Rev. Eliezer Torres, es pastor retirado con una larga y fructífera trayectoria pastoral. Después de pastorear por más de 30 años en Puerto Rico, se trasladó con su familia a la ciudad de Weston, Florida, donde reside en la actualidad.

Puede comunicarse con Eliezer a través de: eliezergloria@hotmail.com

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Comments

  1. Beatriz Angeli says:

    Me ha ayudado mucho esta lectura. No ha sido un dia facil. Doy gracias a Dios por su palabra y por los mensajes de lis hermanos que nos ayudan a seguir adelante en momentos de dificultad.

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