El futuro del ministerio musical

Rafael Pérez

Recientemente estuve hablando hasta pasada la media noche con un grupo de amigos sobre la situación de los ministerios musicales (músicos y adoradores), tomando en cuenta la aparición de Internet y la situación actual de la industria del disco.

Les decía que en mi opinión el proceso tradicional de dejar la iglesia local, meterse al estudio, grabar una producción, reproducirla en discos y salir a promocionarla (venderla) estaba destinado a desaparecer, o por lo menos, a cambiar radicalmente.

Me parece poco probable que un adorador o —banda— pueda esperar en este tiempo sostenerse vendiendo CDs o mantenerse en la gira eterna para mantener la vigencia, y por otro lado, veo modelos más fructíferos y menos traumáticos combinando un cambio de paradigma en cuanto al campo ministerial y a la distribución de contenidos.
Un cambio de paradigma

Encuentro dos razones principales para que los ministros de adoración (músicos y cantantes) abandonan sus iglesias locales para irse de gira a vender discos: no reciben allí ni los recursos apropiados para sostenerse ni el reconocimiento necesario para motivados seguir haciendo su trabajo. Como los ministerios de adoración son sólo una herramienta para preparar el momento de la enseñanza, que es a la parte más importante del culto según el paradigma tradicional, son relegados a una función secundaria, tanto en el sostenimiento como en el reconocimiento.

La inestabilidad que produce este constante movimiento es sumamente preocupante. Los músicos y cantantes son quizás los ministros que mala imagen arrastran —que sólo buscan fama, que sólo buscan dinero, que no están muy comprometidos—, y en mi experiencia, lo mismo se debe al constante movimiento en que tienen que desarrollar su ministerio. Si tu audiencia y tu entorno cambian dos veces por semana estarás cambiando cerca de 100 veces por año; de a dos horas como máximo por cada vez. En todos esos cambios suceden dificultades, malentendidos que no da tiempo a aclarar por la limitación del tiempo y algo no menos importe: agotamiento. No es de extrañar que la mayoría de los ministerios musicales terminen en el preciso momento en que el ministro pasa al matrimonio.

Pero la razón que considero más imperiosa para que este paradigma sobre el modo de desarrollar un ministerio musical tenga que ser cambiado es el siguiente: es casi imposible cosechar un fruto significativo si dispersas tu semilla por 100 lugares distintos al año o si mueves una planta de su entorno la misma cantidad de veces. Pienso que un adorador cristiano que cambia constantemente de lugar lo único que alcanza es a entretener. Y su caso no es muy distinto al caso de un predicador itinerante, como había sido yo en estos últimos años. En un momento tuve el convencimiento claro de que me sería imposible cosechar un fruto significativo por medio de mi ministerio de enseñanza si predicaba en una iglesia diferente todas las semanas. Era un poco satisfactorio ir a un lugar y mostrarle a mis hermanos cuál era la voluntad de Dios para sus vidas, ellos se emocionaban al recibir la enseñanza y yo pensaba que estaba logrando mi objetivo, pero al final, sólo estaba entreteniendo y haciendo gala de mis herramientas.

(Un secreto: pienso que las dos razones más comunes por las que muchos pastores me invitaban a sus iglesias eran las siguientes: o querían disponer de tiempo esa semana para hacer otra cosa o querían romper la monotonía del púlpito al tener un invitado especial.)
De vuelta a lo local

Aquí hay un dilema que tendrá que resolver cualquier ministro que con sinceridad quiera invertir —no gastar— años de su vida trabajando para el Señor: mi meta es cosechar algún tipo de fruto o solamente pretendo ser reconocido y sostenido. O lo que es lo mismo: pondré los ojos en la cosecha o en los medios. Tu voz, tus habilidades con el instrumento y tu corazón son herramientas, no fines en sí mismos. De nada de sirve saltar de lugar en lugar mostrando tus poderosas herramientas para la cosecha sin al final de la temporada terminas con las manos vacías.

Pienso que el futuro está en una vuelta a lo local. Espero ver muchos ministerios de adoración que no se conformen con sólo mostrar sus herramientas por el mundo, sino que se establezcan en un lugar durante el tiempo necesario para sembrar y cosechar algún fruto, que sean reconocidos allí por sus hermanos y también bien sostenidos. Así como un maestro que con seriedad pretende desarrollar un ministerio de enseñanza traza un plan para durante una temporada sembrar algunos principios en el corazón de su audiencia, un adorador que del mismo modo espera proceder traza un plan, siembra su semilla y cuida la planta hasta que cosecha el fruto.

Pasado el tiempo de la cosecha, entonces será el momento de salir por todo el mundo a compartir con miles de personas tanto el fruto (conciertos, conferencias), como las destrezas necesarias (talleres, capacitación) para que también ellos puedan cosechar del mismo modo. Cuando la iglesia entienda que el ministerio musical es tan importante como el ministerio de la enseñanza, comenzará a sostener y a reconocer a ambos ministerios de la misma manera, comenzaremos a producir juntos frutos a gran escala a nivel local y eventualmente a exportarlos de forma más optima a nivel global.


El pastor Rafael Pérez conoció al Señor en el Templo Evangélico de la 19 de Marzo (1989) —Azua—, sirvió durante diez años en la Iglesia de Lucerna (Asambleas de Dios) y como maestro en varias congregaciones de Santo Domingo. También ha trabajado para el Departamento de Publicaciones de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU). En Abril del 2008 comenzó junto a su familia y un grupo de amigos la Comunidad Cristiana PezMundial. Rafael es Administrador de Empresas y vive en Santo Domingo (República Dominicana) junto a su esposa Carolina. Puede comunicarse con Rafael a través de: | Facebook | Blog de su Iglesia Pez Mundial

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