El prójimo siempre está lejos

Por Eliezer Torres

Hace mucho tiempo conocí a Isabel, una mujer no vidente que vivía sola. Ella nunca hablaba de sus familiares y solo se limitaba a decir que vivían lejos y que no sabía de ellos. Pero Isabel hablaba de Genoveba, su amiga vecina y de las amigas que venían con ella a visitarla.

En una ocasión su amiga Genoveba me llamó para que juntos pasáramos por la casa a visitarla. Camino a la vecindad, aprovechamos y compramos una Pizza de queso, para compartirla con Isabel. Allí, pasamos un rato agradable y descubrí la bonita relación de aquellas vecinas.

Isabel no tenía nada que ofrecernos porque el cheque del retiro no había podido cambiarlo, pero la pizza resolvió el problema. Aquella visita me permitió descubrir las virtudes de la vecina Genoveba para con Isabel. Ella le ayudaba con los quehaceres de la casa dos veces en semana.

Isabel habló de su constante compañía: su radio, televisión, grabadoras, etc. pero aclaró que como con ellos no puede llevarse a cabo una conversación, se siente feliz, cuando suena el teléfono y escucha la voz de sus amistades. Eso para ella es como una inyección de vitalidad, explicaba. Su amiga Genoveba la llama todos los días para saludarla y a veces un grupo de amigas encabezadas por ella, le traen flores y comida preparada por ellas y pasan unas veladas reconfortantes.

Isabel asegura que saber que alguien está disponible para ayudarle, le da traquilidad tanto de día como de noche. También aclara que una de las cosas que más le gusta es sentirse útil. Cuando la Iglesia le da la tarea de hacer llamadas y enviar correspondencia o preparar algunos sobres especiales, se siente muy feliz.

¿Quién es mi prójimo? Esta es una pregunta vital para el humano porque oscila, y pendulea en un universalismo abstracto, [yo amo a todo el mundo] y un particularismo
exclusivista, selectivo y discriminatorio. [yo amo a los míos, a mis correligionarios, los buenos, los justos, los de mi raza, mi fe, ideales y mi partido]. Se intuye que amas a todos y en verdad no amas a nadie porque amar una categoría, un grupo, excluyendo a otros,, significa no amar en absoluto.

Cuando el maestro de la ley le preguntó a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?
Jesús, le puso este ejemplo: “ Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron, e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole; pasó de largo.
Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido en misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Al otro día al partir, sacó dos denarios y lo dio al mesonero, y le dijo cuide bien a este hombre; y todo lo que gaste demás, yo se lo pagaré cuando regrese”.

¿Quién, pues, de estos tres te parece el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
Él dijo: El que usó misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo (Lucas 10.29-37).

La parábola, del buen Samaritado parece salir de una justificación. Hay un proverbio
de pueblo que dice: “Para fracasar, con una justificación basta.” En esa dirección iba el
letrado, intérprete de la Ley o escriba religioso. Es por eso que creyendo que era justo, le hace la pregunta a Jesús. ¿Quién es mi prójimo? No sabiendo que aquella pregunta era la más comprometedora para cada ser humano.

En el fondo debemos estar agradecidos al “doctor de la ley” por haber puesto en el tapete esta comprometedora pregunta. Él no le preguntó a Jesús por su relación con Dios, pues para él, eso estaba resuelto. “Amar a Dios, sobre todas las cosas”, en eso él se sentía a sus anchas. A Dios ya él lo posee. [Oraciones, templo, observancia escrupulosa sobre la ley, pago del diezmo y otras prácticas] Dios no es problema para él. Él está en óptima relación con Dios.

Pero el prójimo sí crea problema, porque el prójimo se ve, se toca, se encuentra, huele
mal y hasta nos planta los codos en el estómago. Es más difícil de amar que a Dios, que es invisible. Es más difícil encontrar al prójimo que a Dios.

Cuando observamos al escriba, él pide una definición del prójimo que sea
segura, precisa, de modo que su conciencia quede tranquila. ¿A quién debo tratar como prójimo? ¿A quién debo amar? Quien va a ser el objeto de mi amor, está pensando en si mismo. Debe garantizarme la vida eterna y posiblemente con el mínimo esfuerzo y la máxima certeza. Esto me recuerda el poema que dice:
“Conciencia nunca dormida. Dura y pertinaz testigo que no deja sin castigo ningún crimen en la vida. Es juez, testigo, y verdugo.”
¿Hasta donde tengo que llegar? ¿Hasta donde estoy obligado? ¿Dónde y cuando termina mi deber? El humano tiende ser calculador como el escriba o el letrado de la ley.

Miremos qué dice Jesús a todo esto. En primer lugar él evita dar una definición, pues las definiciones siempre dejan algo a alguien. Jesucristo pretende dejar una puerta abierta. Jesucristo, hace entender que el prójimo no es un objeto, sino un encuentro entre sujetos.

No se trata de encontrar al prójimo sino hacerse prójimo’ salir al encuentro del otro. Porque el prójimo siempre está lejos. Está lejos del camino de nuestros intereses, simpatía, gustos, ideales, programas. El prójimo es distante, antipático, huraño, malo y hasta indigno. El prójimo no nos sale al encuentro, hay que buscarlo. El prójimo se hace prójimo, es decir, cercano; cuando nosotros nos acercamos.

Es por eso que decimos que: Prójimo es aquel a quien logro acercarme, no quedándome en mis comodidades, sino en movimiento. Hay que vencer una resistencia terrible para
acercarme al prójimo.

Jesús nos está diciendo sencillamente como le dijo al Escriba: “Anda y haz lo mismo”. Tratándose del amor dos verbos se destacan: “anda y haz”. ¿Quién es mi prójimo? Dice el escriba, buscando saber y conocer. Jesús le contesta: Se trata de “andar”, de ser cercano al otro, de tomar iniciativa, caminar, hacer, reparar la necesidad y mamparar al encontrado.

“Ve tú y haz lo mismo”.

Rev. Eliezer Torres

El Rev. Eliezer Torres, es pastor retirado con una larga y fructífera trayectoria pastoral. Después de pastorear por más de 30 años en Puerto Rico, se trasladó con su familia a la ciudad de Weston, Florida, donde reside en la actualidad.

Puede comunicarse con Eliezer a través de: eliezergloria@hotmail.com

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