Hacer el bien

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También les rogamos, hermanos, que les llamen la atención a los ociosos, que animen a los de poco ánimo, que apoyen a los débiles, y que sean pacientes con todos. Tengan cuidado de que nadie pague a otro mal por mal; más bien, procuren siempre hacer el bien, tanto entre ustedes como con los demás. 1 Tesalonicenses 5:14-15

Hace más o menos 10 años, un miembro de la congregación que yo servía le compró a un vendedor ambulante un ramo de rosas para llevarle a su esposa. Quería sorprenderla porque sabía que ella se preocupaba mucho por mantener su casa de la mejor manera y estaba muy abrumada con todos los quehaceres del hogar.

Si bien era un gasto que no tenía previsto, estaba convencido que era una buena inversión.

Con el propósito de hacer el mayor impacto posible, cuando llegó a su casa no abrió la puerta con sus llaves, sino que tocó el timbre. Cuando la esposa abrió la puerta, allí estaba él, alegre y con una sonrisa de oreja a oreja, sosteniendo su ramo de rosas.

Tan pronto lo vio, ella le dijo: “¡Lo único que faltaba! El bebé está enfermo del estómago, la lavadora de ropa se descompuso, el niño mayor se peleó en la escuela con otro niño, ¿y tú llegas a casa borracho?”

No le tomó mucho tiempo a la esposa darse cuenta de su error y pedirle disculpas, pero este ejemplo nos demuestra con cuánta facilidad uno se apresura a asumir lo peor de los demás.

Cuando un amigo nos ofrece su ayuda, lo vemos como un entrometido. Cuando un profesor se ofrece a dar apoyo extra a un estudiante, decimos que es un perfeccionista. Cuando un policía nos detiene porque no obedecemos las leyes de tránsito, asumimos que tiene cumplir con la cuota de tiquetes.

Lutero correctamente decía que las personas quieren que los demás crean lo mejor acerca de ellos, pero que a menudo juzgan a los demás muy severamente.

Esto es lo que San Pablo enfatiza cuando muy sabiamente escribe lo que el pueblo de Dios debe hacer, cuando escribió: “procuren siempre hacer el bien, tanto entre ustedes como con los demás”.
Pero, ¿con todos los demás?

Sí, ¡con todos los demás! Y si usted se pregunta por qué debemos hacerles el bien a todos los demás. Lo refiero a la última cena de Jesús. El Salvador trató por igual a la persona que lo iba a entregar. También mire a la cruz, desde donde Jesús les perdonó los pecados a quienes lo estaban crucificando.

Si Jesús pudo perdonar a los culpables de su muerte, usted y yo debemos hacer lo mismo con los que pueden, o no, hacer lo mismo conmigo.

ORACIÓN: Querido Dios, Jesús nos dio un ejemplo que ninguno de nosotros podemos copiar con éxito. Pero, aún así, quiero honrarte haciendo lo mejor que pueda para con los demás. Todo esto lo oro en el nombre de Jesús. Amén.

© Copyright 2011 Cristo Para Todas Las Naciones

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