Un testigo fiel

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“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre  vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra”. Hechos 1:7-8

La curiosidad de los seres humanos es algo que no se puede medir y muchas veces tiene alcances insospechados, en el tratar de saber. Algunos tratan de saber para aprender cosas que puedan ser útiles. Otros tratan de saber para demostrar lo sabio, que ellos son, para ser aplaudidos. En esto, la especulación de lo que no se sabe, toma lugar, privilegiando el orgullo del que habla, ante sus escuchas.

En el área espiritual, el especulador es muy peligroso, porque pretende conocer lo que no ha sido revelado por Dios. Uno de los peligros es que el especulador se transforme en adivino, cosa reprobada por Dios con consecuencias desastrosas. Adivino viene del latín A divinis, que quiere decir “de las cosas divinas”.

El adivino pretende tener poderes que los demás no tienen, para descubrir las cosas escondidas, o que no tienen explicación. La vieja tentación del diablo “seréis como dioses” suena como hermosa melodía a los oídos de los especuladores.

Hoy muchos tratan de predecir el futuro, poner fechas, hablar de los eventos en el mundo, cuando Dios dice, éste no es un tema en el que ustedes tengan que meterse, ustedes deben preocuparse por otra cosa. El Padre puso estos tiempos y sazones, en su sola Potestad. ¡No hay nadie más, con esta potestad! Lo que nos tiene que preocupar es: ¡ser testigos hasta lo último de la tierra!

Pero no podemos serlo así nomás, necesitamos el poder de Dios en nuestras vidas obrando libremente. ¡Sí, para ser testigos necesitamos el poder!.  Un poder auténtico, no fingido, ni manipulado, pero un poder para ser utilizado en el ejercicio de testificar por Jesucristo.

Lo importante es saber que este poder debe manifestarse a partir de Jerusalén, lo más cercano, donde más cuesta, donde más nos conocen, luego viene Samaria y hasta lo último de la tierra. Donde el cristiano está, debe hablar de Jesucristo, los demás deben saber que él o ella son cristianos. No existen los testigos secretos, Dios nos necesita y quiere que estemos dispuestos a servirle donde quiera que estemos.

¡Señor ayúdame para ser un testigo fiel!.

Dr. Daniel L. Bustamante

 

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