Cada vez que regreso a la casa de mis abuelos soy presa fácil del asombro. Observo las paredes, contemplo el jardín, admiro las rejas de la entrada. Por momentos me invade una sensación extraña: sé que es el mismo sitio en donde crecí, pero sin embargo hay algo que me hace entrar en duda…
Construir “castillos”, trepar aquel “frondoso” árbol, patinar “kilómetros” en clara competencia con mi hermano… un mundo lleno de fantasías, ilusiones y juegos infantiles. Un lugar en el que todo era posible gracias a la imaginación. Un espacio cuya realidad era magnificada mediante la lupa de la niñez.
Lo llamativo es que aquellas cosas que antes me parecían enormes, hoy - a través de los ojos de la adultez - se han transformado en algo de dimensiones mucho menores.
Es un secreto a voces que durante nuestro desarrollo hacia la madurez se abren panoramas nuevos frente a nosotros. Se trata de algo gradual, es cierto, pero al fin y al cabo es un proceso a través del cual adquirimos diversas perspectivas que nos hacen cambiar, crecer y finalmente llegar a la autonomía que nos convierte en personas adultas. O por lo menos así debiera ser…
Los próximos doce meses implicarán un cúmulo intenso de emociones, sentimientos, desafíos, sorpresas, tentaciones, problemas, soluciones, fracasos y victorias. El paisaje por momentos se presentará escarpado y peligroso; otras veces – tal vez la mayoría de ellas – caminaremos por el rutinario sendero de una llanura; y en otras ocasiones tendremos que atravesar valles cuya realidad nos tentará a entregarnos al desánimo y la frustración.
¿Cómo enfrentaremos esta inminente realidad? ¿Lograremos superar los obstáculos?
El gran rey David se refirió a Dios de esta manera: “Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estás a mi lado; me guías por el buen camino y me llenas de confianza”. Salmo 23.4 (TLA)
En pocos días asistiremos al comienzo de un año nuevo y la actitud que cultivemos durante el devenir de las semanas será la clave del éxito… o el factor de la derrota. ¡Y pensar que aquello que durante mi niñez consideraba grande e imposible hoy me resulta pequeño y alcanzable!
¡Buen Fin de Semana!
CRISTIAN FRANCO
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