Es la escena final de la película «Corazón Valiente». William Wallace esta siendo lentamente torturado frente a la multitud que lo observa mientras su verdugo juega con el hacha amenazadora.
Se le ofrece una muerte rápida si tan solo confiesa su crimen como traidor y promete lealtad al tirano reino. Con toda la fuerza que le queda, respira profundamente para declarar gritando ante la multitud ¡LIBERTAD! Fue su respiro final, su declaración final y su decisión final: Vivir y morir libre. Erwin McManus escribe en su libro UPRISING acerca de esta escena “En el centro de esta historia se nos recuerda que todos los hombres mueren, pero no todos viven“. Hay una diferencia muy grande entre vivir y existir.
Hay un deseo nato dentro de nosotros de vivir libremente nuestra vida. La libertad es una idea elusiva que siempre parece estar lejos de donde estamos ahora, en un lugar o en una experiencia que no tenemos. El muy joven ya quiere llegar a cierta edad para poder hacer las cosas que no puede hacer hoy. El adolescente espera ya tener su licencia de manejar para poder ir a donde le plazca en el carro prestado. El que esta estudiando desea terminar pronto para encontrar ese trabajo que le dará por fin estabilidad para formar una familia con su novia. Pareciera que muchos de nuestros años en desarrollo los pasamos pensando en los años venideros. Vemos en ellos una libertad que no se nos es permitida en el presente. Y a pesar de que tenemos absoluta libertad para escoger, muchas veces nos encontramos presos de nuestras propias decisiones. Detestamos nuestros trabajos. Soñamos con nuevas oportunidades. Muchas veces estamos seguros de que perdimos nuestro llamado verdadero en la vida.
Jesús enseñó de libertad verdadera. «y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Jn 8:32), «Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.» (Jn 8:36). Hay una libertad que no se llega a conocer esperando lo que las cosas o experiencias pueden traer. Jesús dio una enseñanza muy diferente para todos aquellos que quieren realmente vivir y no existir: «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.» Mt 16:24.
Es solo hasta que morimos a nosotros mismos que empezamos a vivir realmente. Es entonces que como William Wallace entenderemos que la libertad no viene por evadir el dolor y el sufrimiento, no viene por intentar prolongar nuestra existencia, sino siendo libres del temor, teniendo la confianza de que ni aún la muerte puede robarnos la vida.
Bendiciones
Edgar Lira
Vivos Records, Inc.
www.edgarlira.com