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Es un desastre de proporciones bíblicas

SANTIAGO.- Gisla Dewey lleva 27 años ayudando a paliar catástrofes y dice que lo que ha visto en el sudeste asiático supera cualquier cosa: “Es el más grande desastre que veremos probablemente durante nuestra vida. Esto es de proporciones bíblicas”, cuenta a Emol desde Colombo, la capital de Sri Lanka, uno de los países más golpeados por la tragedia.

Dewey es parte del equipo de emergencia de la organización humanitaria World Vision y acaba de llegar a Sri Lanka, ex Ceylán, donde su agrupación tiene a un equipo de 301 personas trabajando para atender las necesidades más urgentes, que dada la magnitud de la destrucción se multiplican por miles.

“He trabajado en desastres en los últimos 27 años. Las cosas que se han visto aquí, no las hemos visto antes, y probablemente no las volveremos a ver. Es inimaginable. He visto al huracán Mitch, pero esto es algo que afecta a tantos países, que es abrumador el impacto por la muerte y la destrucción”, cuenta.

Su relato, en ciertos pasajes, resulta espeluznante, estremecedor, por la fuerza de la tragedia y porque involucra a personas, familias, niños, todos ellos envueltos en la catástrofe.

En el caso de Sri Lanka, el área que ha sido más afectada es el norte de la isla, hacia la costa este y un poco del oeste. Según los últimos reportes, en este país de casi 20 millones de millones de habitantes, hay confirmados 24.297 muertos, aunque el número podría llegar a los 30.000. También hay alrededor de 4.000 desaparecidos y 8.200 heridos.

Dewey cuenta de áreas que aún no han sido alcanzadas por los equipos de rescate, donde la gente “todavía está en árboles, listos para ser rescatados. Algunos se están desplazando en botes para ayudar a los que están en árboles, techos y situaciones como esa”.

Los esfuerzos de rescate, explica, todavía se están desarrollando. “Algunas personas que vienen llegando desde el lugar de la tragedia han contado que en ciertas áreas animales salvajes han devorado los cadáveres”.

Frente a esto, los esfuerzos para identificar a las personas y después enterrarlos son masivos.

“Hay un sistema que se está desarrollando para identificar a los cadáveres, no sé si deba mencionarlo. Ellos están cortando el dedo índice de cada persona en orden de identificar cuerpos, porque no hay tiempo. Buscan identificarlo con las huellas digitales posteriormente. Después se los identifica con una etiqueta”, explica.

Respecto de la forma de sepultar a las víctimas, explica que “básicamente se están usando tumbas masivas, se apilan las personas y después se las entierra. Puede lucir incluso como un campo de concentración, el tipo de fotos que la gente ha visto”.

La funcionaria de World Vision cuenta que hoy se escuchó que hubo un nuevo tsunami, pero eso no es cierto. “Y la gente, por supuesto, está asustada hasta la muerte”.

Riesgo de enfermedades

Una de las mayores preocupaciones en estos momentos es el riesgo de epidemias ante la gran cantidad de cadáveres.

Dewey aclara que, según entiende y ha escuchado de los expertos, las enfermedades por los cadáveres no son tan preocupantes como las que pueden presentarse por no beber agua limpia.

“Hay una gran esfuerzo para limpiar el agua en estos momentos”, cuenta.

En un escenario como el descrito, la necesidades se siguen multiplicando. Gisla Dewey explica cuáles son los requerimientos más urgentes: “Agua limpia para beber es la principal necesidad, alimentos; ropa, la ropa que la gente tiene es la que tenía puesta en el momento de la tragedia; elementos para construir refugios temporales”.

La idea de World Vision es hacer un plan para detectar las necesidades y luego trabajar de acuerdo a ese plan.

Impacto en los niños

Uno de los grupos más afectados es el de los niños. Algunos cálculos hablan de que un tercio del total de las víctimas de los maremotos corresponde a menores.

“Nuestra gente nos ha dicho que hay una necesidad desesperada de alimentos especiales para los niños. La idea inicial era llevarles leche en terreno, pero el peligro es que esta leche pueda estar mezclada con agua contaminada”, cuenta Dewey.

Algunos de los niños son huérfanos, quienes perdieron a sus padres cuando el mar golpeó con fuerza a las costas.

La funcionaria, quien estuvo en Chile hace unos meses y se declaró enamorada del país y de su gente, termina su relato con un llamado a ayudar: “Pido a la gente abrir su corazón, ver las fotos, e imaginar a sus familias en las playas, o siendo afectadas. Es algo que quiebra el corazón”.

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